lunes, 6 de diciembre de 2010

De nuevo por acá dijo ella sonriendo cuando entré.
Claro, respondí.
Detrás de unos lentes sus ojos proyectaban mi película en blanco y negro, versión cliché. El helado con gusto a kiosko no mejoró las cosas. Ella estaba ahí, atrás del mostrador. Los panfletos con fotos de playas paradisíacas no sabían hablar nuestro idioma. Yo estaba ahí de nuevo, y su sonrisa era más que placentera. Podía quedarme ahí toda la noche mirandolá. Sin decir una palabra. Ni con tanto jazz podría haber sido así.
De pronto entendí. Dejé de escuchar el discurso turístico, los ofrecimientos de paquetes extra.
La conversación dio un giro brusco. Hablé sin escucharla ni mirarla una sola vez. Sentía su piel tensarse un poco. Esto era para mí.

De nuevo por acá le dije sonriendo mientras ella entraba.

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